Me levanté una noche entre semana sin poder soportar más el dolor de cabeza. Fui a la cocina a por una aspirina, sin molestarme en encender las luces, mis pies ya se sabían el camino.
Primer error.
Abrí el grifo y llené un vaso de agua. Cogí una pastilla y la tragué. La mano se me quedó colgando cuando fui a cerrar la puerta de la despensa: ya estaba cerrada. No le di importancia, ya la habría cerrado antes, estaba muy dormida para acordarme.
-¡Sara! - Canturreó alguien mi nombre escaleras arriba. Sería mi hermana. "La he despertado", pensé. Fui a ver qué quería.
Segundo error.
-¡SARA! - Gritó la voz de una niña, como si estuviera al borde de las lágrimas.
Cuando llegué al cuarto de ella la vi sentada en la cama. Sus largos y enmarañados rizos negros cubriéndole la cara. Las ventanas abiertas de par en par. Curiosamente, sí había empezado a llover.
-Cierra las ventanas o cogerás una pulmonía. - Me acerqué a cerrarlas yo misma, dándole la espalda.
Tercer error.
-¿Quieres jugar? - Me preguntó con una voz que hizo que se me pusieran los pelos de punta.
Entonces me di cuenta de que mi hermana no dormía en casa esa noche.
Ayayay, ¡me ha encantado! Es un relato genial, felicidades. Ahora me ha picado el gusanillo y quiero leer más de ti ♥
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