Miro el destello sobre el metal, la punta del cuchillo acercándose lentamente; las cartas están echadas.
Pero no tengo miedo.
Dicen que cuando vas a morir, ves pasar todo tu vida ante tus ojos, pero yo no veo eso, en su lugar contemplo la vida que no voy a poder vivir. No podré crecer, llegar a la edad adulta, envejecer hasta que me duelan las rodillas. No podré disfrutar de esas amistades que duran toda la vida, de esos amigos que conociste en el kinder, se convierten en tus padrinos de boda y juegas con ellos a las cartas las tardes pasados los sesenta. No podré enamorarme. No podré viajar a cada rincón del mundo. No podré cumplir mis sueño.
Pero no tengo miedo.
Sólo pena. siento lástima por ese chico adulto que nunca existirá. Echaré de menos la vida cuando sea un fantasma.
El cuchillo se entierra entre mis costillas, lo último que veo es mi propia sangre.
No tuve miedo
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